Verde mora quitamanchas (K.Dilano)

Nadira se marchó mucho antes de que yo saliera del baño.

Y un ventilador ruidoso, que minutos antes había refrescado el ardor de nuestros sudorosos cuerpos, figuraba como el único testigo de aquel encuentro necesitado.

En el estrepitoso revuelo de las sábanas de una cama, dónde alternaba su juego por horas con otras muchachas, únicamente quedaban su recuerdo y su aroma en la funda de la almohada bordada con sus manos en colores más alegres que su propia vida.

Ni un adiós, ni las gracias, ni caricias. Tan sólo se llevó, para completar el sustento diario, unos pocos dírhams.

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