La familia

Comida de domingo en casa de mis padres. Por suerte Malena se puede escapar.

A los postres y hablándome al oído, el mayor de mis hermanos, Diego, me cuenta una cosa que me hace escupir todo el café sobre el mantel de hilo bordado por mi madre.

–¿A ver qué te parece el comienzo de la despedida de soltero que le hemos preparado a Raúl, uno de los socios de mi bufete?

–Conociéndote un poco, acabareis con una cogorza monumental, contratareis a alguna stripper e intentareis ligar con todas las chicas con las que os crucéis esa noche. ¡No hay que pensar mucho, los tíos tenéis muy poca imaginación!

–¡Bueeeno, todo eso también! Pero calentaremos la noche con un Tupper-sex en su casa. ¡Original! ¿Verdad? Eso está muy de moda ahora e igual hasta nos hace una demostración práctica la que lo presenta.

Sobraba decir que ningún miembro de mi familia estaba al tanto de la actividad a la que había comenzado a dedicarse mi hermana. Mis padres seguían acudiendo a misa todos los domingos, incluso mi madre cantaba en el coro de la iglesia. Los tres habíamos ido a colegio de monjas y mi padre todavía cambiaba el canal cada vez que consideraba que echaban por la tele alguna escena indecente. Así que mi familia, y en particular el tonto de mi hermano, no tenían ni idea de en qué se basaba una reunión de ese tipo.

–¡Un Tupper-sex! –dije bajando la voz todo lo que pude para que mi padre no nos escuchara–. ¿No sabrás como se llama, verdad?

–La chica no –contestó mi hermano.

–¡No idiota, no la chica, el sitio de donde te envían todo!

–¡Ah, eso sí! Es fácil de recordar porque se llama como tú, la luna picantona. ¿Sugerente verdad?

En ese momento fue cuando el sorbo de café que acababa de dar salió de mi boca, difuminándolo todo a su paso.

–¡Tía, cuidado que te atragantas! –Diego empezó a darme palmaditas en la espalda al tiempo que apartaba la silla unos centímetros hacia atrás para que no le salpicara.

–¡¿Y dónde has encontrado tú eso?! –conseguí preguntar después de limpiarme con la servilleta.

–Internet es una maravilla. Nos metimos en la página, miramos lo que tenían y Juan Luis concertó una cita. Viernes 14 a las 18,00. ¡Y ahora calla que viene mamá para limpiar tu estropicio!

 

¡La leche en bote! Tenía que descubrir si aquella cita era una de las de la agenda de Malena. ¡Por Dios santo que hubiera dos empresas llamadas igual! Me iba a dar algo, tenía que salir de la duda y tenía que hacerlo ya.

–¡Nena, cuidado que tiras el mantel entero! –no hice caso a lo que decía mi madre y fui al hall de entrada a por mi bolso. Cogí la agenda, me fui al día 14 de Diciembre y allí estaba escrito con la letra de mi hermana; Raúl Guijarro López. C/Hermanos Álvarez Quintero, 32, 4º izq. 18,00. Despedida de soltero. Heteros.

¡La madre que me parió y encima en un barrio de pijos!

Miré a mi hermano tirada como estaba panza abajo en el sofá. El tío se reía con mis padres pero claro, tampoco él sabía nada. Aquello no podía notárseme. Necesitaba hablar con Malena. Salí del salón y me fui al baño con el móvil.

–¡A ver Malena! ¿Sabías que Diego ha concertado una reunión de nuestro Tupper para el viernes en casa de un amigo?

–¿En serio? ¡No puede ser!

–¡Y tanto que puede ser, me lo acaba de contar! –respondí.

–Pues casi me alegro de que vayas a ser tú la que aparezcas por allí.

–Muy graciosa, me encanta que te diviertas a mi costa pero tienes que cancelar esa cita –dije presurosa.

–¡Ni de coña la cancelo! Las despedidas de solteros dan mucha pasta. Los amigos se animan y compran de todo para la noche de bodas de los novios. Según como te los trabajes sacas cerca de mil euros y si hay poder adquisitivo incluso más. ¿Dices que son amigos de Diego? Joder sí que hay pasta, abogados de renombre.

–¡Ostias tía, ni que me fuera a prostituir! –exclamé indignada.

–Lo que hagas en tu tiempo libre a mí no me lo cuentes. ¡Qué no, qué es broma! No te mosquees.

–¿Que no me mosquee? El que lo va a hacer va a ser tu hermano cuando me vea allí. Bueno te dejo que oigo pasos. Ya te llamaré.

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