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AMARGA ESPERA:
(Habitación de hotel,1931. Edward Hopper.)

07 de Julio de 1931.

Nunca pensé que un simple trozo de papel tuviera el poder de acabar de un plumazo con la ilusión de varios años, con la difícil decisión de dejar atrás a la familia ni con las promesas de una vida nueva.


El lugar fue elegido por él; esta habitación de hotel, de viajeros de paso, que ahora queda tan sumamente distante del hogar que me vio crecer como de la posibilidad de dar con quien yo creía que se convertiría en mi futuro esposo.


El modo de reencontrarnos había sido elegido por mí, esperarle en paños menores metida en la cama sin darnos tiempo a deshacer el equipaje y recordando así el melodioso sonido del roce de nuestra piel.


Colocar de nuevo la colcha que ocultaba, hace unos minutos, la realidad que ahora se encuentra entre mis manos rubricada a fuego por su puño y letra, engañaría a mi conciencia, quizás a la vergüenza pero nunca a los recuerdos, al corazón ni al miedo que siento a partir de este momento.

ÚLTIMA PARADA:
(Noctámbulos,1942. Edward Hopper.)

Cualquier día de 1942.

Aun no siendo fácil la vida en la ciudad y menos durante estos años, el trabajo no falta.


Siempre hay un viejo conocido, un alma caritativa o un corazón solitario con unos cuantos centavos para gastar en un par de cafés y unos pocos dólares para gastar conmigo.


Las noches son duras pero sirven para escabullirse y huir de aquellos a quienes no querrías enfrentarte ni volver a ver.


Seguro que los noctámbulos, con quienes me relaciono cada noche, ocultan su realidad amparándose en medias verdades que unas veces serán más creíbles que otras; pero aquí estoy para escuchar, creer o amar a aquellos que lo necesiten.

DULCE DESPERTAR:
(Mañana en una ciudad,1944. Edward Hopper.)

07 de julio de 1944.

Este hotel no permitiría la entrada diaria a alguien como yo, ni tampoco me lo podría permitir; pero una sola vez al año sí, el mismo día de cada año.

Reencontrándome con esta habitación y con su misma cama, con la misma claridad que traspasa el ventanal y que permito que acaricie mi desnudez, renovándome y purificando mi cuerpo de todas esas manos que lo recorren y que aún a día de hoy siento que sigue perteneciendo al primero que lo tocó y a quien seguiré desesperadamente aguardando.

 



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