Blanco y en botella (K.Dilano)

Con su boca en mi pezón me sentía plena. Se le notaba feliz y satisfecho.

Y aquel elixir divino en sus labios hacía que pidiera más; quizá con ansia e, incluso, con un poco de gula.

Hasta que caía rendido, relajado, saciado y dispuesto a ser transportado en mis brazos. Sin importar el lugar. Solo sabiendo que en unas horas volvería a salir de la cuna para recibir otra dosis de aquel apetecible brebaje blanco.

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